viernes, 23 de marzo de 2012

el relato de una urbe, un fragmento



Fotografía. Javier M. Reguera. Pinchar en la imagen para ampliarla

Algún día daré a conocer el album (más bien un fajo de hojas sueltas) que fui creando en texto e imágenes sobre la ciudad de Dublín, en la que viví varios años. Por aquellos días (y durante mucho tiempo), después del trabajo (trabajos penosos y sin aliciente alguno) cogía la bicicleta y me sumergía en la urbe en busca de sus relatos * En realidad, esas hojas son la descripción de un fracaso, pues lo que quería atrapar era tan inasible que al dirigirme en otras direcciones ya se oían otras voces, otras historias, otros momentos * Esos relatos no son más que la forma en que una ciudad va construyendo el sentido de la vivencia a través de sus habitantes * Me sumergí en barrios donde el verdadero esfuerzo (y diría peligro) era entrar, permanecer. Ballymun, Summerhill, Fatima Mansions, muchos de ellos enclaustrados en el Inner City, que es lo mismo que decir todo aquello que el habitante-medio no quiere ver * Hasta donde yo sé, Ballymun es hoy una zona rehabilitada para los centros de poder, y sus imponente torres (bloques de edificios que habían representado el exilio interior de una clase trabajadora decapitada y azotada por el paro, la droga y la marginación) fueron derruídas * Siempre me ha sorprendido la manera en que las ciudades intentan borrar su memoria en beneficio de los estamentos de poder * En aquel momento, Fatima Mansions vivía su propia agonía y supervivencia, un barrio acuartelado por bloques descompuestos que había sido igualmente defenestrado por el auge de la droga en los años 80 y todavía estaba luchando por recuperar su dignidad urbana. Allí pasé muchos días, semanas, tantas que hoy me parece más normal pensar en mi recorrido por esos lugares que por aquellos otros más comunes a la comunidad inmigrante-joven-estudiante que se movía por barrios planteados para el ocio como Temple Bar.

La historia también se hace con imágenes que no cumplen ninguna función histórica. Tan sólo dejan un pequeño rastro, la estela de una narración secreta.

 
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