El mar no interrumpe nada. Sigue su propia mecánica, sin más objeción que la que podría amontonarse en los ojos. En uno de mis libros preferidos* la evocación del mar funciona también como un reconocimiento tácito de un estado de cultura prominente, rico en esfuerzo y voluntad, tantas veces dibujado en los mapas. El mar ni siquiera exige esgrimir una certeza duradera, pues el oleaje lo impide, y lo advierte cuando en la costa, en las desembocaduras, el agua se arremolina hacia una dirección que, desde lo humano, podría mostrase aún más incomprensible. No es fácil adivinar esa imagen, pero sucumbimos a su caudal. Todo el mundo intenta llegar hasta el mar.



* Al aproximarse al Mediterráneo, elegimos ante todo un punto de partida: una costa o una escena, un puerto o un suceso, un periplo o un cuento. Luego, ya no importa tanto de dónde hayamos salido, cuenta más hasta dónde hemos llegado, qué hemos visto y cómo lo hemos visto. A veces, todos los mares parecen iguales, sobre todo cuando la travesía es larga. A veces, cada mar es diferente.

Fragmento inicial de Predrag Matvejevic, Breviario Mediterráneo, Anagrama, 1991 (ed. original 1987)


miércoles, 9 de mayo de 2012

el viaje del astronauta


Fotografia: Philippe Lesprit



Clara Hill > Silent distance
Metropolitan Jazz Affair > Yunowhathislifeez
Micatone > Save Me
Bobby Hughes Combination > Clive the runner
Clara Hill > Everything
Gil Scot-Heron > Me and the devil
Polar Bear > Peepers
Nicola Conte > Like leaves in the wind
Montefiori Cocktail > Sunny
De-Phazz > Astrud Astronette
Alessandro Magnanini > So Long, Goodbye

Bonus track
The Hi-Fly Orchestra > Crosstown traffic

 
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